
Para poner un buen colofón a su semana de Reto Econutrición, no hay como un pequeño esfuerzo para introducir la soja en su dieta. Las ventajas medioambientales y para la salud de la soja sostenible son numerosas, y además tiene un sabor delicioso. La soja se consume desde hace miles de años en Asia por sus cualidades nutricionales y sus niveles de proteína vegetal de alta calidad.
La planta de la soja es una leguminosa (de la misma familia que las alubias y los guisantes) que produce una vaina en la que normalmente hay tres semillas, los granos de soja. Hay más de 100 variedades diferentes, que se distinguen por tamaño, color, contenido en proteínas y consistencia de su aceite. La que más se usa es la variedad de grano amarillo, ya que contiene una combinación óptima de proteína, grasa y sabor. Como planta, la soja destaca por sus beneficios para el entorno, ya que mejora el suelo, protege las aguas subterráneas y forma nutrientes en menos de 100 días.
La soja lleva cultivándose en Occidente desde principios del siglo XX. En EE. UU. es un cultivo a gran escala en toda su geografía. La UE produce más de 1 000 000 toneladas al año. Aunque en Asia se consume desde hace 4 000 años, la soja entró en la dieta occidental hace unas décadas.
La soja es un producto bajo en grasas y lleno de ventajas. Junto con los frutos secos, los cereales y las demás legumbres, la soja es una valiosa fuente de proteína para nuestro cuerpo, además de un ingrediente de lo más versátil. En el mercado disponemos de una enorme gama de productos derivados de ella, desde bebidas, alternativas al yogur o postres hasta alternativas a la carne como el tofu. Otro de los aspectos destacables de la soja es su buen sabor y que en la cocina puede utilizarse para todo para lo que utilizamos lácteos, tanto en platos dulces como salados.
La soja está ampliamente disponible en el comercio y no tendrá ninguna dificultad para añadir productos de soja a su compra semanal. La mayoría de los supermercados ofrecen productos a base de soja sostenible, con lo que incorporar proteínas vegetales en su dieta le resultará de lo más sencillo.
Cuidado, porque la soja no es toda igual. La soja es uno de los principales cultivos destinados a alimentar al ganado y la demanda de mayores cosechas ha llevado a algunos productores a sacrificar grandes extensiones de bosque tropical para cultivarla y a experimentar técnicas con organismos modificados genéticamente. Las empresas que forman parte de ENSA se han comprometido a utilizar solo soja sin OGM que ofrezca una trazabilidad total. Estos productores se niegan a comprar en los mercados de materias primas y se abastecen directamente de los agricultores, garantizando así un precio justo, exigiendo una gestión sostenible del terreno y no aceptando nunca soja cultivada en zonas de bosque rozado. Actualmente existen protocolos internacionales vigentes que protegen estas áreas, y muchas empresas se niegan a comprar productos cultivados en estos terrenos de altísimo valor.