La historia de la planta de la soja se remonta miles de años atrás. La soja ya formaba parte de la dieta en la antigua Asia por sus cualidades nutricionales y su contenido en proteína vegetal de alta calidad. Los europeos conocimos el grano de soja y los alimentos que de él se obtienen hace más de cien años, gracias a los viajes a China y otros países asiáticos. La soja se cultiva en Occidente desde principios del siglo XX y entró en la dieta occidental hace varias décadas.
A día de hoy, la soja constituye un cultivo a gran escala en todo el territorio de los Estados Unidos, junto con Brasil el principal productor del mundo. En la Unión Europea se producen más de 1 millón de toneladas al año.
La planta de la soja es una leguminosa (de la misma familia que las alubias y los guisantes) que produce una vaina en la que normalmente hay tres semillas, los granos de soja. La que más se usa es la variedad de grano amarillo, ya que contiene una combinación óptima de proteína, grasa y sabor. Los granos se muelen mediante un proceso tradicional para extraer todas sus propiedades y elaborar alimentos nutritivos y sabrosos como bebidas de soja, yogures de soja, postres de soja y sustitutos a base de soja para la nata o la carne.
Por su particular composición nutricional, la soja supone un alimento ideal en una dieta sana y equilibrada. Gracias a su contenido en proteínas de alta calidad, los productos a base de soja son una alternativa vegetal perfecta a la carne y los lácteos. Además, los alimentos a base de soja son bajos en grasas saturadas y se ha observado que las proteínas de soja ayudan a reducir el nivel de colesterol en sangre. Por otra parte, al no tener lactosa, también son fáciles de digerir.
Por si fuera poco, esta planta sumamente respetuosa con el medio ambiente no solo ayuda a mejorar la salud, sino que también mejora el suelo y protege la capa freática.
A lo largo de los últimos años se ha demostrado científicamente que nuestros hábitos alimentarios tienen un impacto grave sobre el medio ambiente. En 2006, la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) de la ONU publicó un informe en el que se destacaba que el 18 % de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) se origina en el sector ganadero. Estamos hablando por tanto de un nivel equivalente al de emisiones del sector del transporte.
Sin embargo, el calentamiento global no es la única consecuencia medioambiental de la cría de ganado, ya que también afecta al consumo de agua y la ocupación de tierras. Se estima que se emplea para el ganado el 75 % del terreno de uso agrícola, ya sea para pasto o para otros cultivos para alimentarlo. Y está previsto que la situación empeore en este sentido, ya que la demanda de alimentos continuará aumentando en el futuro.
Por tanto, todo el mundo puede contribuir a proteger el medio ambiente simplemente reduciendo su consumo de productos de origen animal y pasando a una dieta con mayor presencia de vegetales. La soja tiene un impacto medioambiental mucho menor (tanto en términos de emisiones de GEI, como de uso de terreno o agua) y gracias a su valor nutricional los productos de soja son ideales para sustituir alimentos de origen animal, como la carne o la leche. ¡Los productos a base de soja no solo son buenos para su salud, sino también para la de la Tierra!